miércoles, 18 de diciembre de 2013

La sonrisa helada

Aquí os dejo un extracto de mi tercera novela, La sonrisa helada.

Dudas, su vida estaba habitada por una serie de incertidumbres que lo abrumaban. Pese a su temprana partida de su pueblo, de su país, y a que desde entonces se había considerado una persona independiente, capaz de valerse por sí mismo, que había hecho frente a los avatares que el destino había cruzado en su camino, era como si la muerte de Javier lo sumiera en una especie de desamparo, de saberse solo en mitad de la tempestad, el último de su estirpe, sin nadie a quien acudir en caso de flaqueza, sin un faro al que asirse si por los caprichos de la vida alguna vez llegara a necesitarlo. Sin consuelo posible, sin un regazo en el que cobijarse para sentir que estaba a salvo, que todo estaba bien y que le hiciera recordar que tras las nubes siempre sale el sol. Era como una especie de angustia que le atenazaba la garganta y le hacía sentir un nudo en el estómago que le oprimía desde dentro hasta dejarlo casi sin aliento. ¿Mas acaso no había sido así durante los últimos veinte años? ¿Acaso no había subsistido sin necesitar en ningún momento la ayuda ni el apoyo de sus padres ni de sus hermanos? Lo había hecho sin duda, pero era como si en su fuero más íntimo siempre hubiera tenido la certeza de que ellos estaban ahí, de que hubiera podido volver y sentirse arropado en caso de naufragio, como si se tratara de un equilibrista que atravesaba la cuerda floja de un extremo a otro, pero con la seguridad de contar con una red debajo de sus pies. Sin embargo la sensación que lo embargaba en aquel momento era de vacío, de soledad absoluta, la red había desaparecido y en caso de caída, nada ni nadie lo salvaría del abismo.

Estaba Noa claro, ella había sido su faro durante todos aquellos años, sin embargo ahora la sentía tan lejos. No se trataba de la distancia, de que por primera vez desde que se conocieran cada uno estuviera en un país diferente. No, no se trataba de eso. La sentía lejos de su corazón, de su alma, aunque no así de su pensamiento, puesto que tal vez ahora pensara en ella más que nunca. ¿Se piensa con mayor intensidad en alguien cuándo ya nos hemos ido, cuándo la hemos perdido?

jueves, 12 de diciembre de 2013

Dentro de Pizarnik

“Escribir un diario es disecarse como si se estuviese muerta” Vaya frase la de Alejandra Pizarnik con la que casi cierra precisamente su diario. Ya saben que su vida acaba en suicidio a la edad de treinta y seis años. Ya saben que su vida es una de las más amargas que uno pueda imaginar. Y si no lo saben se publican sus diarios (Lumen) para que lean lo que pudo pasar por la cabeza de una de las grandes escritoras que ha dado la literatura en español en las últimas décadas. Siempre he sentido un gran pudor en relatar las intensidades de un alma y una cabeza torturada. ¿Cómo contarlas mejor que en primera persona? Unos extractos de los citados diarios para que se les vayan abriendo las carnes y el apetito por la desdicha ajena. Morbo, al cabo, por muy literario que este sea.
-No hago nada. ¡No sé qué hacer! Estoy cansada. Muy cansada. Hoy no haré el sumario del empleo de mis horas diurnas. No hay qué decir, salvo que adelanté en mi diagnóstico. Yo aprendí cabalmente que soy distinta de la mayoría de la gente. Que ellos piensan y yo no porque no puedo, porque me ocurre algo, porque estoy enferma. Sí estoy enferma. Me pregunto si a todos los neuróticos les ocurre lo mismo. De pronto me admiro de todo lo que hice. De mis papeles. Algún día van a estar en el museo (de algún instituto psiquiátrico). A su lado habrá un cartel: Poemas de una enferma de diecinueve años. Imposibilidad de razonar. Nunca meditó. Jamás reflexionó. Ninguna vez pensó. Parece ser que es sensible. Propensión a considerarse genial. Agresiva. Acomplejada. Viciosa. No muerde.
-Ayer y hoy, días suicidas. Estoy huyendo de algo. Nada me enlaza a la vida. Y ahora todo empeoró porque me siento perseguida y odiada por todos. No quiero vivir ni morir. Solo tengo conciencia de fuerte imposibilidad de todo. Además, hay miedo de escribir, no tengo nada que decir.
-Anoche debo haber soñado algo muy importante pues detrás de ese sueño oí que me decía: “Despierta porque si continúas soñando un solo segundo más te volverás loca irrevocablemente. Lo que está por ver no puede ser visto por alguien que después desee retornar. Lo que has de oír es lo más importante que existe en el mundo”. Yo me respondí (mi voz resonaba débil, enferma): Acepto tocar fondo”. Tuve un miedo espantoso. Me asfixiaba, me dolía el corazón como si me estuvieran perforando. Sudé un segundo pero me volvió el dolor de antes. Calculé y comparé la locura y mi vida lúcida y repetí: “Quiero ir hasta el final”  
-Imposible hablar con palabras. Ansiedad y urgencia por decirlo todo mediante una sola palabra. Leo a Kafka para calmarme con sus prolongaciones infinitas de sucesos y de frases, con su poder de mediación. No sé lo que quiero. Solo sé que salto, que salteo, que hay un abismo entre dos orillas y que lo importante es el abismo y que el salto es mi cobardía como lo es la orilla y mi impaciencia por alcanzarla.
Anoche me auguraron un ciclo de desdichas que duraría hasta fines de este año. La culpa es de Saturno (¿o acaso dijeron Urano?) ubicado sobre Tauro. Sería tan fácil creer estos nefastos augurios. Puesto que mi soledad es, ahora, absoluta; puesto que trabajo con dificultades; puesto que no publico; puesto que gasté todo el dinero de la beca y pronto tendré que pedir o buscar trabajo
Unos párrafos para releer una y otra vez y nunca cerrar las heridas de Alejandra Pizarnik. Me temo que nunca descansará en paz.
Fuente: ABC.es

martes, 3 de diciembre de 2013

Pretérito imperfecto en epub

Pues eso, que a partir de ahora se puede comprar mi segunda novela, Pretérito imperfecto, en formato ebook (epub) en la Casa del Libro. Aquí os dejo el enlace, por si alguien tiene algún regalillo navideño que hacer :)

lunes, 2 de diciembre de 2013

La sombra del viento - Carlos Ruíz Zafón

SINOPSIS
Un amanecer de 1945, un muchacho es conducido por su padre a un misterioso lugar oculto en el corazón de la ciudad vieja. El cementerio de los libros olvidados. Allí, Daniel Sempere encuentra un libro maldito que cambiará el rumbo de su vida y le arrastra a un laberinto de intrigas y secretos enterrados en el alma oscura de la ciudad. La sombra del viento es un misterio literario ambientado en la Barcelona de la primera mitad del siglo XX, desde los últimos esplendores del modernismo a las tinieblas de la posguerra.

OPINION
En estos días de mi vuelta a la blogosfera, me he dado cuenta de que en mi rincón no había ninguna reseña de La sombra del viento, sí estaría sin duda en mi anterior blog, que ya no existe, pero aquí no, y era un detalle que había que solucionar sin falta.
Cuando leí por primera vez esta obra, allá por el año dos mil cuatro, pensé sin duda que se trataba del mejor libro que había leído nunca. Hasta entonces mis lecturas habían estado más o menos encuadradas en cuatro categorías: libros que me habían gustado bastante, libros (la gran mayoría) que no estaban mal pero sin más, libros que no me habían gustado, y tres o cuatro libros que catalogaba como deleznables. No diré que títulos incluyo en esta última categoría porque se me podría tachar de hereje.
La sombra del viento los superó a todos ellos, incluso a los de mis autores favoritos hasta entonces. Se trataba simple y llanamente del libro que a mí me hubiera gustado escribir.
Una historia que te engancha desde el primer pasaje, en cuanto se menciona a ese entrañable cementerio de los libros olvidados.  Una historia con las dosis justas de intriga, de aventura, de romanticismo, de todos y cada uno de los ingredientes que pueden hacer que un lector se enganche a un libro hasta el punto de sentir el deseo de devorar sus páginas. Pero por si esto fuera poco, el estilo narrativo y su prosa me parecieron extraordinarios, plagadas de calidad y con bellas metáforas que adornan prácticamente cada página, lo que lo convierte por momentos en pura prosa poética, sin que por ello pierda ni un ápice de agilidad e interés en su lectura.
Hasta ahora nunca había releído un libro, siempre había pensado, supongo que de manera bucólica, que era algo que reservaba para cuando estuviera jubilado, dispusiera de todo mi tiempo, y fuera el momento de hacer un repaso a mi vida literaria como lector. Sin embargo este año sentí la necesidad de releer la sombra del viento, y así lo hice el pasado mes de Mayo.

Lo hice con el temor de que se me pudiera caer el mito, de que como ocurre muchas veces cuando tenemos algo mitificado y lo redescubrimos por segunda vez, pensemos que no era para tanto y el desencanto se apodere de nosotros. Afortunadamente no ha sido así, desde luego no me ha acompañado en esta segunda lectura la sorpresa del descubrimiento de lo nuevo, pero sí me ha servido para reiterarme en lo que ya sentí cuando lo descubrí hace nueve años, que se trata del mejor libro que haya leído nunca. Simplemente el libro que a mí me hubiera gustado escribir.