jueves, 29 de marzo de 2012

Sinfonía inacabada

Llegaste cuando las letras de las canciones yacían de manera desordenada por el suelo como soldados vencidos de aquella batalla que nunca fue, mientras el genio escapaba por la ventana, dejando tan sólo el vacío en el que resonaba el eco de los versos que escurridizos, no se dejaban atrapar. Frases inacabadas que intentaban conformar un todo, sin saber que su final no era posible, porque la historia aún estaba por escribir. El color de tus ojos empezó a conformar las estrofas precisas, como si de repente todo comenzara a encajar. Casi sin darme cuenta, el gris de las paredes comenzó a transformarse en un arco iris de colores infinitos, mientras mi inventario de recuerdos tristes se difuminaba cuando el dorado de tus rizos ocupaba el cielo de mi mirada.

Y comenzamos un viaje a la luna, a lomos de aquel cometa, con las alforjas repletas de sueños, desafiando las leyes de la gravedad, sin saber cual era el peso de ser feliz. Cada noche, nuestros pies despegaban del suelo para volar cerca de las estrellas, haciendo que todo lo demás dejara de existir. El brillo de tu mirada me guiaba hasta ti, donde las letras se hacían estrofas y las estrofas melodía. Y fue, y es, y será... sinfonía de notas multicolores, inacabada, infinita, eterna…

Y te fuiste, te perdí una noche aciaga, dejaste sin pulso mi corazón y mis palabras se secaron, mi mundo volvió a teñirse de grises derramándose sobre mi soledad con la insolente prepotencia de un tiempo que no me pertenece ya. La vida me redujo de nuevo a la condena del recuerdo, e intenté escapar de él, intenté evadirme de todo y volar como un espíritu volátil,

No fue, mis pasos siguen resonando sobre el firmamento de la tristeza, aunque mi existencia se haya convertido en nada sin ti. Pasarán los días aunque como dijo el poeta, que haya existido no es prueba suficiente de que haya vivido.

domingo, 11 de marzo de 2012

Pensamiento otoñal


Es un día más, son las seis de la tarde y hace frío. La temida y predicha ola de aire polar nos azota con fuerza. Desde la ventana, a mi derecha, los últimos rayos de sol acarician la arboleda, detrás de la valla metálica. Sólo es un día más, con sus silencios, con sus problemas. A veces, y no es la primera vez que lo pienso, creo que la vida consiste en una sucesión de obstáculos y que nuestra misión es ir superándolos. Apenas hemos pasado uno ya tenemos otro esperándonos a la vuelta de la esquina.
Pero al fin y al cabo, sólo es un día más, y en medio de todo ese maremagnum, el pensamiento, tal vez el único válido de todo el día, de que tengo que ser capaz de demostrar a la gente que quiero que la quiero. Sí, eso sí que es importante, y algo me atosiga dentro, me crea un nudo en el estómago y agarrota mi garganta, por tanto, creo que algo debo estar haciendo mal.
Porque los quiero, tanto que lo haría todo por ellos, y sin embargo, se apodera de mí la impresión de que no se lo demuestro lo suficiente, o tal vez que no me esfuerzo en estar con ellos todo el tiempo que debiera. No sé si eso me arrastrará algún día a la infelicidad, y sólo de pensarlo, el vacío se abre paso en mi interior. Y sin embargo, dejo pasar los días, uno tras otro, sin que el propósito de enmienda que me hago siempre que pienso en ello, llegue a materializarse de verdad nunca. ¿Podrán algún día perdonarme?

domingo, 4 de marzo de 2012

Monotonía

Y hay días que despiertas con una sensación de melancolía grabada en el alma. Días que suceden a otros días, amalgama de grises salpicados de hastío que ensombrecen las telarañas del corazón. Y miras al cielo esperando respuesta, mientras tu cuerpo chirría al intentar ponerse en movimiento una vez más, como si de una maquinaria desengrasada y envejecida se tratara, resistiéndose a la inercia de continuar resbalando por los subterráneos de la inconsciencia.

Todo está en la mente, estas sombras que se desdibujan a mi alrededor hasta reducir mi impulso vital a una simple retahíla de movimientos monocordes programados de antemano. Tal vez si dispusiera de un solo segundo para abandonar mi cuerpo y contemplarlo todo desde otra dimensión. Ser libre, volar, sentirme parte de un universo bipolar. Cerrar los ojos, abrir la mente y recorrer en tan sólo un segundo la distancia que me separa de ti, sí de ti.

Ser capaz por un instante de rebelarme contra la rutina que domina mis días como un dictador insolente, invadiendo mi espacio, mi tiempo de ser, mi verdadero yo, hasta sentir como me sumerjo en la decadencia de mis días, que me traspasan cual ejército de alfileres invisibles que sin embargo, dejan su rastro perpetuo marcado en las arrugas no de mi cuerpo, sino de mi mente.

Aquellos pliegues que de manera ominosa me enfrentan a la realidad de lo que soy, no de lo que fui, ni de lo que quisiera ser. Y no hay salida ¿o acaso el polvo del sendero que recorro me impide percibir un arcoiris más allá de donde la miopía de mi intelecto alcanza a descubrir?

Hay días que despiertas con una sensación de melancolía grabada en el alma, añorando los sueños que quedaron por el camino.