jueves, 23 de febrero de 2012

La parte de los ángeles - Marian Izaguirre


SINOPSIS
Dos jóvenes músicos se conocen en Holanda, cuando ambos participan en un concurso internacional de violín, y durante veinte largos años forman una pareja llena de luces y sombras, jalonadas entre Rotterdam, Siena, Nueva York y el Cabo de Gata. Cuando Ricardo abandona a Irene por una mujer más joven, se enfrentarán al desafío de aprender a vivir el uno sin el otro. La parte de los ángeles es también una novela sobre el perdón, sobre los sentimeintos confusos, sobre el amor que todavía pervive en el desamor y el modo en el que a veces vuelve a nuestras vidas la persona que se fue. Tras una etapa llena de tristeza y rencor, la protagonista llega a la conclusión de que debe desprenderse del resentimiento y empezar de nuevo, esta vez ayudada por la estimulante presencia de Mateo.



OPINION
Me ha encantado este libro, escrito con cuidado, nos narra con delicadeza una historia muy intimista, de amor, porque al fin y al cabo el amor es la fuerza motriz que mueve el mundo. Y de desamor, de abandono, de toda una amalgama de sentimientos, a veces incluso contrapuestos.
Todo ello narrado con un estilo que invita a seguir leyendo más y más, con una calidad narrativa más que aceptable, que te envuelve, que te hace partícipe de la historia, que te coloca en una posición muy cercana a la protagonista de la historia.
En definitiva, una muy buena lectura.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Azul y rojo



I


Rojo. Una pincelada más... Un poco de naranja en esta silueta…


Adriana dirigía sus trazos con suavidad sobre el lienzo, con el cuidado extremo del que crea una obra de arte. En unos días terminaría el segundo cuadro de la trilogía que había decidido comenzar hacía cinco meses, cuando las circunstancias que vivía le inspiraban tantas sensaciones salvajes. Sus blancas manos, subían y bajaban ligeras dibujando contornos ondulados que manchaban de colores los dedos de Adriana.


Un profundo suspiro desvió su atención hacía la ventana, pues bajo ella se extendía dormido Elías, quien tras la cena que habían tomado juntos había comenzado a adormilarse, producto seguramente de las copas de vino que acompañaron a la comida. La noche había sido deliciosa, música suave, la tenue luz de las velas, comida exquisita… Compartir momentos con Elías era algo maravilloso para Adriana, sin embargo…


Parecía profundamente dormido y su cuerpo se derramaba desnudo entre las sábanas blancas de la cama, casi ni se había enterado de la ausencia de ella, la cual se había levantado después de hacer el amor para continuar con su cuadro. Soltó sus pinceles para acercarse sigilosamente a su lado y poder escuchar lo que entre sueños murmuraba. Palabras confusas salían de sus labios pero resultaba imposible descifrarlas… ¿Fatum?


II


Azul. Memoria evocadora de aquel mediterráneo sereno...


La piel dorada de Elías y aquella palabra que tanto signficado tenía para ellos hizo retroceder la mente de Adriana en el tiempo. Un tiempo de aire fresco y manantiales de aguas desbocadas, pasiones desatadas y reflejos de noches azules sobre sus rostros arrebolados. La cortina se mecía por la brisa que entraba por la ventana y ella desvió su mirada desde el cuerpo desnudo de Elías hacia algún punto del infinito.


El aire mecía las copas de los árboles pero la mirada de Adriana iba mucho más allá, hasta aquel pueblecito de casas blancas de la costa granadina donde algunos veranos atrás se habían conocido Elías y ella. Verano feliz de largos paseos por la playa, ella y Elías abrazados y Pipo el cocker de Elías correteando y saltando a su alrededor. Pipo ya no estaba con ellos, había muerto el último invierno dejando en sus corazones una profunda sensación de vacío.


Tal vez Pipo se había llevado consigo los últimos atisbos de aquel verano feliz. Adriana volvió a posar sus ojos sobre Elías, justo cuando este volvía a hablar entre sueños. Su rostro parecía compungido como si una profunda pena invadiera su alma en aquel momento. Se agitaba nervioso entre las sábanas. Adriana lo rozó ligeramente con el dorso de su mano izquierda, que permanecía más o menos a salvo de los caprichos de los pinceles.


Hay dos cosas que el ser humano no puede ocultar; su embriaguez y su enamoramiento. Embriaguez de amores cómplices compartidos en noches de pasión y días llenos de arco iris. Sin embargo ahora, mientras hacía un alto y contemplaba el letargo somnoliento de Elías en aquella cama, su cama, sentía la certeza de que todo aquello había quedado atrás, perdido en el tiempo, en una diáspora de sensaciones ocultas por la realidad de lo inevitable.