miércoles, 4 de enero de 2012

Ensoñación

Anoche soñé contigo, sí contigo. Sé que no debería, que mis sueños deberían estar prohibidos, que no tengo derecho a soñarte. ¿Pero quién controla los sueños? ¿Quién lastra sus alas para que no alcen el vuelo y se eleven, etéreos, ligeros, bordeando los límites de la realidad para adentrarse en universos perfectos, donde los deseos, aquellos que atamos con cadenas a este lado, disfruten de una libertad no imaginada?
Hubiera deseado no despertar, a veces ocurre ¿a ti no te ocurre cuándo lo que soñamos despierta los sentimientos y pone en marcha la maquinaria de un corazón destrozado en ausencias?
Hoy me he despertado con esa sensación única que a veces nos produce lo que la noche nos ha regalado, sobre todo cuando somos capaces de recordarlo. Y yo hoy lo recuerdo, con nitidez, como si de verdad esta noche hubiéramos estado juntos, como si el tiempo hubiera retrocedido hasta aquellos dias.
Hoy me embarga esa sensación que algunas veces tras despertar te acompaña, puede que sólo unos minutos, acaso unas horas, pero aún así única.
No, no te contaré lo que he soñado, pero esperaré con impaciencia a que llegue la noche, a que el manto de estrellas me acompañe y cerraré los ojos. Si los dioses están de mi lado, las huestes de Morfeo te devolverán a mí, una noche más.