martes, 29 de noviembre de 2011

¿Amanece?



Amanece, las primeras luces del alba recortan de forma tímida las sombras, anunciando el comienzo de un nuevo día. Sus huesos cansados se resisten a cobrar vida, deseosos de permanecer inánimes un segundo más, dos, tres... Nada le reclama ahí fuera y sin embargo se obliga a ponerse en pie. Se mira en el espejo y recuerda que debió haberlo hecho mil trozos ayer, cuando sus brazos aún obedecían a su voluntad, para no tener así que seguir soportando aquella imagen en la que no se reconoce. Los recuerdos, la única certeza que aún permanece inalterable mientras todo lo demás se difumina en vaguedades.
Abre la puerta, sale a la calle, el sol invade todo de manera obscena, empeñado en demostrarle que la vida sigue pese a que la suya quedó perdida en el túnel del tiempo. Se acerca hasta la orilla, tan próxima, y deja que el agua helada acaricie sus pies.
Algún día reunirá el valor suficiente para adentrarse en aquel mar, dejarse mecer por las olas y esperar que las aguas lo lleven hasta ella, que lo espera, que lo llama con aquella dulce voz que hace tanto que no escucha. Siempre, eterna…

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Aquí os dejo...



... el enlace a la página web que hemos publicado sobre mi segunda novela, Pretérito imperfecto. Espero que os guste.






martes, 15 de noviembre de 2011

Charlas con Troylo - Antonio Gala



"Esta noche también he soñado contigo.
Corrías sobre el césped del jardín, vivo y dichoso, abanderando el rabo. Corrías hacia mí, me reclamabas. Tu ladrido pequeño henchía la mañana.
He alargado la mano, todavía dormido, buscando por la cama a tientas tu cabeza. Sin encontrarte, Troylo.
He encendido la luz. No estabas, Troylo.
No volverás a estar...
Dicen que no se pierde sino lo que nunca se tuvo. Es mentira.
Yo te tuve: te tuve y no te tengo.
Al pie del olivo que juntos estrenamos, una calva en el césped indica dónde estás.
El césped que plantamos hace nada para que tú corrieras, divertido, sobre él; para que tú, al venir la primavera y su templado soplo, te revolcaras jugando sobre él.
Tú no tendrás más primaveras, Troylo.
Ahora eres tú quien abona ese césped. En esto acaba todo.
¿Quién puede hacerse cargo de tal contradicción?
¿Pueden morir del todo alguna vez unos ojos que se han mirado tanto, se han entendido tanto, se han consolado tanto?
Quizá tú ahora habitas con quien más has querido.
Quizá tú ahora eres —si es que eres— más feliz que conmigo.
Quizá tú trotas, moviendo la menuda grupa, por los verdes campos del Edén. Pero durante once años y medio anduviste enredado a mis piernas;
arrebujaste tu lealtad a mi vera;
me seguiste a dos pasos por este mundo que, sin ti, no es el mismo. Continuarán los pájaros y los amaneceres, el chorro de la fuente ascenderá en el aire, como la vida, sólo para caer.
Pero no estarás tú, Troylo, compañero irrepetible mío.
Nunca más, nunca más.
Ya no habrá que sacarte a la calle tres veces cada día,
ni tampoco habrá que sacarte las muelas de noviembre,
ni acercarás resoplando el hocico a los respiraderos de los coches,
ni te asomaras encantado por las ventanillas,
ni me recibirás —enloquecido el rabo, ladrando y manoteando— a la puerta de la casa.
Ya no habrá que secarte cuando llueva,
ni cepillarte por la mañana al salir de la ducha,
ni reñirte porque pides comida: ya no sabré qué hacer con el trocito último del filete...
Nunca más.
Y no me hago a la idea.
¿Qué es lo que has hecho, Troylo?
Quiero dormir para soñar contigo,
para jugar contigo y regañarte, para no comprobar que te he perdido.
Con la garganta apretada he mandado hoy retirar tus breves propiedades:
tu toalla, tu manta, tu cepillo, tu peine y tus correas...
Las he mandado retirar, pero no lejos.
Porque a lo mejor una mañana te veo regresar, alegre y frágil, cariñoso y sonoro.
(Acaso esta pesadilla es una broma tuya, y se abrirá una puerta y tú aparecerás. De mis oídos no se quita el ritmo de tus pasos, ni la impaciencia de tu cascabel.)
O a lo mejor soy yo el que se acerca una mañana a ti —quién sabe— y te silbo y te llamo y tú levantas la cabeza con el gesto de siempre.
No te preocupes, Troylo: si nada dura —ni el amor—, tampoco la muerte durará.
En donde sea, estaremos todos juntos de nuevo, riendo y bromeando.
Si no, no habría derecho.
Mientras entró y salió la gente de mi vida —de nuestra vida—,
tú permaneciste a mi lado, imperturbable, fiel, idéntico, amoroso.
Juntos pasamos por la compañía y por la soledad.
Llegaste, Troylo, a ser yo mismo de otro modo.
El infortunio o el gozo, siempre los compartimos.
Quien a mí me dejó, te dejó a ti, y te quería quien a mí me quiso.
Me hablaba yo, y era a ti a quien hablaba.
La muerte se ha interpuesto en la conversación una vez más, la muerte.
Ahora sí que envejezco, ahora si que estoy solo.
Es la primera vez que te has portado mal conmigo.
Desde la ventana veré el olivo y a ti al pie del olivo.
Troylo, amigo mio, interminablemante bajo el césped.
La muerte ha interrumpido nuestras charlas.
Descansa en paz,
Nadie jamás podrá sustituirte.
Hasta luego.
Hasta después."

martes, 8 de noviembre de 2011

Silencios rotos



Tu piel tibia me roza y mis ganas se llenan de ti.
Tu sonrisa con olor a Norte, hace que mi lengua delinee tus labios.
Tus ojos enrojecidos me preguntan por qué me alejé de ti y yo te abrazo deshaciendo ausencias y llenando sentimientos.
Tu cuerpo abrazado al mío provoca mi deseo mientras me imagino dentro de ti.
El amor se desliza desvistiéndonos mientras nuestros cuerpos juegan a reconocerse.
Y aún así, después del momento en que te siento, cuando muerdes mi corazón, yo desvío mi mirada para no seguir soñándote conmigo, mientras el filo de aquel cuchillo en clave de K se hunde en mis entrañas con la inusitada fuerza de la realidad.

Tantas Amordazadas Ilusiones

jueves, 3 de noviembre de 2011

Tarde de lluvia

Llueve, las gotas de lluvia resbalan sobre el cristal de mi ventana mientras desgrano las páginas del Capitán Alatriste. El humo de mi café se desliza hacia el infinito. Es una tarde preñada de melancolías y en el equipo de música ha comenzado a sonar esta preciosa canción de un grupo ya inmortal. Me ha apetecido compartirla con vosotros.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Nocturno



Te presiento a mi lado, cuando la noche preñada de promesas se apodera del tiempo, cubriendo la bóveda celeste de oscuridad, dejando que tan sólo el titilante reflejo de miles de diminutos astros, como duendecillos de colores, iluminen nuestros senderos, aquellos que anduvimos en tantas noches estrelladas como esta, peregrinos de nuestros corazones, conscientes de que con cada paso que dábamos, el retorno se hacía imposible y aún así, con paso firme y cogidos de la mano, caminamos de espaldas al mundo para habitarnos en nuestras miradas, para bebernos en nuestros labios, para saciarnos...
Sólo el rumor de las olas me acompaña apoyado sobre aquella balaustrada cuando etérea, te materializas junto a mí, envuelta en ese halo mágico que me arranca de la realidad, me arrancas de la realidad, para transportarme a universos paralelos donde dos líneas convergentes se encuentran para no separarse nunca más, arrancando las páginas del libro del destino para sobrescribirlas, con letras de aquel color que sólo tú y yo sabemos leer.
Eres mi sueño de perfección inacabado, al que sólo algún día pondré fin para hacerlo realidad, porque eres a la vez sueño y realidad. Y cuando te tengo junto a mí, cuando por fin puedo tocarte, tenerte entre mis brazos, el tiempo se detiene y los sueños, aquellos en los que nos mecimos dulcemente, dejándonos arrastrar por ellos hasta los jardines de nuestros sentimientos, porque sólo en ellos podía crecer la semilla de nuestro amor, se abren paso para hablarnos de un mañana en el que el cielo, limpio de nubes, nos acaricie con su tibia luz, bañándonos con su reflejo, purificándonos con su claridad, y las dudas y los miedos con los que a veces la noche traicionera nos atenaza, salten en pedazos, como cristales rotos incapaces ya de contener una pasión que se desborda pidiendo a gritos su libertad.
Somos prisioneros de ese tiempo que a veces, con cada paso que damos, parece que sólo consigamos alejarnos más de él, como si un ave del averno nos engañara enseñándonos un camino diferente, inasible, plagado de trampas y mentiras. Porque todo es mentira salvo la certeza de lo que nos une y por ello, seguiré caminando mientras mis pies resistan, mientras una sola gota de sangre corra por mis venas, hasta encontrar de nuevo la senda correcta, aquella que tiene escrito un final diferente, sólo para nosotros, ¿quieres seguir caminando a mi lado?