viernes, 10 de diciembre de 2010

Mil años sin ti


Han pasado mil años desde que nuestros caminos, aquellos que como afluentes de un mismo río se unían para volver a separarse una y mil veces, finalmente tomaron senderos distintos dentro de un mismo universo imaginado, hasta que un ejército de magos, brujos, druídas… interpusieron una barrera insalvable entre nosotros, ¿recuerdas cuándo sólo éramos tú y yo?

Mil años desde que nuestras letras se apagaron, por dentro y por fuera, dejándonos vacíos de sen(timientos)saciones que compartir, aquellas que nos reunían en un paraíso donde nuestros sueños volaban hacia el infinito, donde éramos más verdad que en ningún otro lugar ni momento.
Mil años desde que la dulzura de tu sonrisa, la calidez de tu voz siempre preñada de palabras de amor, dejó de resonar en mis oídos llenándolo todo de luz.

Mil años desde que las letras de aquellas canciones dejaron de tener significado para nosotros, como si nunca hubieran existido, como si nunca las hubiéramos compartido en momentos fugaces robados a la realidad.

Mil años hace que no inventamos las campanadas de nochevieja sólo para nosotros plagadas de música ya inmortal para siempre y de la magia de momentos únicos, ¿recuerdas?...

Mil años desde que nuestros cuerpos dejaron de reconocerse en los momentos en que la lujuria y el placer, se mezclaban con el amor derramado a raudales para acabar convertidos en la más bella sinfonía que dos amantes, desnudos, jamás sean capaces de componer.

Mil años de tantas palabras (promesas) de amor pronunciadas, que ahora sólo son el recuerdo de tiempos de plenitud cuando el más nimio detalle se convertía en el milagro de nuestro amor hecho realidad, la nuestra.

Mil años, ¿por qué entonces sigue doliendo tanto como si hubiera sido ayer? ¿Por qué mi corazón maltrecho, envejecido, se sigue negando a aceptar la tragedia consumada?

Si un solo día sin ti era un castigo insoportable, ¿cómo puedo estar resistiendo esta tortura eterna?

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