lunes, 20 de diciembre de 2010

Corazón desangrado


¿Qué te puedo decir sino que te amo con locura? Que tus ausencias me matan, que cada instante lejos de ti es una tortura, que muero cada vez que me enfrento con la cruel realidad, esa que nos dice que no y sin embargo mi corazón grita sí hasta perder la voz y afónico, aún le quedan arrestos para clamar al cielo por la injusticia cometida.

En medio de mi desolación sólo una certeza, no sé vivir sin ti, puede que mis palabras siempre lleguen tarde o tal vez no sepa expresarme, irónico para alguien que convive con las palabras, puede que mi amor, mi pobre amor, no fuera suficiente, pero no sé vivir sin ti. Me acostumbraré a hacerlo porque así lo hemos decidido, encerraré a mi corazón en una jaula y la llenaré de candados para convertirla en prisión, para que no vuele ¡loco corazón! Dejaré que cada vez que intente alzar el vuelo se golpee contra los barrotes y caiga al suelo, hasta que vencido y triste, sin ganas ya de seguir adelante, se desangre en un oscuro rincón de esa jaula, pero aún así feliz tan sólo de recordar que una vez tú y yo..., porque los ángeles negros podrán apartarme de tu lado, pero no podrán robarme la memoria de nuestros días felices, eso me pertenece y cuando nada más me quede, me aferraré a ellos para poder soportar la vida, por mucho que duela aceptar que nuestro tiempo pasó.

Viviré pendiente de ti en la distancia, seré feliz cuando te sienta a ti feliz, reiré cuando te vea a ti reír y lloraré... lloraré siempre, porque no existe consuelo cuando sabes que has perdido la razón de vivir. Cada lágrima derramada me recordará que toqué el cielo en el universo de tus sentimientos.

¿Fue tu culpa o fue la mía? O tal vez, seguramente, no fue culpa de ninguno de los dos. Quizás simplemente el destino no tenía escrita esa página en la que nuestro tiempo se convertía en eterno y los juglares tocaban las más bellas melodías para nosotros. Esa página teníamos que escribirla los dos cogidos de la mano y no supimos como hacerlo. Ojalá todo hubiera sido diferente, ojalá te hubiera podido hacer feliz siempre y no sólo en momentos fugaces, instantes que de todas formas no cambiaría por nada, porque a tu lado he sido feliz como un niño enamorado de la vida, como un adolescente enamorado del amor, como un hombre enamorado locamente de ti que intentó darte todo lo que tenía, sin saber que tal vez lo que tenía no era suficiente, sin saber que un pobre mortal no puede aspirar al amor de una diosa, y aún así hizo de ti su diosa y su religión, y se empeñó en luchar contra viento y marea para arribar al puerto de tu océano y echar allí el ancla. Pobre Ulises derrotado, tal vez Homero se equivocó de final.

No sé donde estaremos mañana pero sí sé que viviré con el recuerdo de nuestro amor, que ese será mi motor para poder seguir al menos caminando por este sendero de sombras en el que se ha convertido mi vida. Y algún día, cuando mis pasos dejen de resonar y mis palabras se apaguen, cuando no quede vestigio de mí sobre la tierra y nadie me recuerde ya, moriré con una sonrisa en la boca y un brillo en la mirada, recordando aquella noche en que tú y yo, temblando y cogidos de la mano, con la luna como único testigo, nos bañamos en mi mar, y fuimos.

5 comentarios:

Lythana dijo...

hola! que chido esta.felicidades

Trini dijo...

Al menos quedan los recuerdos para iluminarnos.

Te había perdido la pista...
Me alegra mucho volver a leerte.

Feliz Navidad
Un fuerte abrazo

Meiga dijo...

Hola, gracias por pasarte por mi blog. Creo que no conocia el tuyo y me ha gustado, volveré para leerte despacio.
Me encanta el fondo de blog que tienes, cómo consigues ponerlo? He ido a la página de Elegias, he copiado el código de uno de ellos y lo he pegado en el mio en el apartado "sobre mi", pero no me sale nada.
Un beso

abuela normanda dijo...

Me has traido negativos recuerdos, sí. Viví con un hombre cuarenta años, sabía escribirme cartas preciosas, pero jamás escuché esas letras en su boca, jamás. Decçía que le costaba mostrar sus sentimientos, ¡qué fuerte y cuanto dolor sentí! Me sentía fracasada como mujer. Cuando nos separamos, comenzó a portarse como me gustaba, pero llámame rencorosa, lo que quieras, para mí ya era tarde. ¿quién tuvo la culpa de nuestra separación ¡ËL! sin ninguna duda él, le soporté cuarenta años siendo como un cardo.
Si he leído bien lo que aquí dice tu personaje del relato, él es culpablñe, todo tiene un límite en la vida.
muchos besos amigo

Moony dijo...

Qué gusto reencontrarte, Jucar. No sé cómo te perdí y te echaba en falta.

Muy Feliz Navidad, que seas enormemente feliz siempre.

Un beso muy grande.