domingo, 17 de febrero de 2008

Efluvios


En el mismo instante en que las agujas del reloj marcaban las ocho de la tarde Daniel pulsaba el botón de apagado de su ordenador. Por fin una semana más llegaba a su término. Aquel trabajo no era el sueño de su vida, confinado entre cuatro paredes delante de una pantalla de ordenador había momentos en los que llegaba a sentir verdadera claustrofobia. Siempre se había considerado un espíritu libre con alma de bohemio y jamás habría imaginado que al cabo de los años iba a terminar desempeñando un trabajo de oficina. ¡Quien se lo hubiera dicho quince años atrás!, en aquella época de manifestaciones pacifistas, amor libre, música y marihuana, cuando Eva y él pensaban que el mundo les pertenecía.
No pudo evitar una sonrisa de desdén al recordar todo aquello. Había visto a Eva la semana anterior. Ahora era una abnegada esposa y madre de tres pequeños dictadores, al final se había casado con el repelente de Ernesto, eso sí él se había convertido en socio de uno de los principales bufetes de la ciudad y eso les permitía llevar un muy elevado ritmo de vida. Los embarazos habían estropeado su en otro tiempo envidiable figura y ahora intentaba recuperarla a base de un sinfín de dietas y medicamentos que solo servían para que su estómago se rebelara contra aquel martirio. Había cambiado su infinito pelo largo por una pequeña melena que apenas le llegaba a los hombros y lo peor de todo, el arco iris ya no estaba enamorado de su mirada. ¿En qué momento comenzamos a cambiar?, ¿por qué nadie nos avisa para que podamos detenernos y seguir siendo eternamente los mismos?.
Se habían encontrado por casualidad en un centro comercial y habían recordado los viejos tiempos mientras tomaban un café. Pero al final esos recuerdos habían terminado levantando ampollas, demasiado tiempo pasado, demasiados cambios sufridos, demasiada tristeza y melancolía añorando un tiempo imposible de recuperar, al separarse ni siquiera se habían intercambiado los teléfonos, como si la presencia del otro les obligara a enfrentarse de nuevo con sus recuerdos o lo que era peor, a aceptar la triste realidad que día tras día intentaban negarse a si mismos. Lo cierto es que le había costado bastante reconocer en aquella chica a Eva; su musa, su amante, su amiga, su compañera, ella había sido su rosa de la paz en los momentos más felices de su vida, pero aquella rosa hacía mucho tiempo que se había marchitado, era una vieja rosa con heridas, una rosa demasiado perdida en el tiempo. Y lo gracioso es que evidentemente a ella le habría ocurrido algo parecido al verlo a él con su traje y su corbata, cualquier tiempo pasado fue mejor y no por ser un tópico era menos cierto.
Pero ya estaba bien de permitir que su mente divagara entre aquellos pensamientos oscuros que solo servían para odiarse un poco más; era una hermosa tarde de primavera, y tenía todo el fin de semana por delante antes de tener que volver de nuevo a aquella prisión llamada oficina, en la que cada día se sentía más y más infeliz.
Además hoy vería a Pilar. Llevaban tres semanas sin verse pero hoy por fin ella podía escaparse, cenarían juntos y recuperarían el tiempo perdido. Habían quedado en que Pilar estaría a media tarde en el ático de Daniel y así cuando él llegara no habría tiempo que perder para entregarse a una velada romántica.
Pilar era el presente, había llegado a su vida en un momento especialmente gris trayéndole un soplo de aire fresco. Había encontrado en su mirada zahorí atisbos de un paraíso largamente olvidado. Su historia era una historia normal y corriente, nada extraordinaria pero ella había conseguido devolverle un poco de cordura y de fe en el mundo tras largos años de travesía por el desierto.
Salió a la calle y el aire le acarició el rostro, su ciudad en aquella época del año destilaba un dulce olor a azahar y se vestía con un colorido increíble, hay atardeceres que merecen ser eternos. Era un enamorado de su ciudad, allí había vivido siempre y allí esperaba morir algún día. Aquella ciudad había sido su única amante fiel en quien podía confiar sabiendo que jamás le fallaría.
Subió a su coche y se dispuso a cubrir el trayecto que lo separaba de su piso. Reconocía que aquel ático estaba un poco por encima de sus posibilidades, pero desde la primera vez que lo visitó con el promotor se había enamorado de aquellas grandes vidrieras que daban paso a una enorme terraza frente al mar, de modo que no había dudado en hipotecarse para poder permitirse aquel capricho.
Subió en el ascensor ansioso ya por el reencuentro con Pilar. Deseoso de poder disfrutar del aroma de su piel, poder acariciar su cuerpo y bañarse en su mirada. Por el camino se había detenido en un supermercado para comprar una botella de vino, un rioja reserva del 96, el que le gustaba a ella, de ahí que cuando abrió la puerta de casa ya había anochecido.
Le extrañó encontrar el piso en silencio y con las luces apagadas pero enseguida pensó que se trataba de uno de esos juegos que tanto le gustaban a Pilar. Le excitó la idea de que ella estuviera allí esperándole, agazapada en cualquier rincón y vestida solo con la ropa interior, para entregarse al amor antes incluso de la cena. Sin embargo no era así, fue hasta el salón y encendió la luz, no había ni rastro de Pilar por ninguna parte aunque en el ambiente flotaba el inequívoco olor de su perfume, sobre la mesa se encontraba una botella de vino, la misma marca que él había comprado, y apoyada contra la botella una hoja de papel doblada por la mitad. Cogió la hoja y la desdobló, solo tenía escritas unas cuantas palabras pero eran bastante concluyentes; ?he decidido volver con mi marido, lo siento. Sé feliz?.
Hizo una bola de papel y la arrojó al suelo, se quitó la corbata deshaciendo el nudo, fue hasta el equipo de música, la guitarra de Gary Moore comenzó a llorar al desgranar las primeras notas de ?Still got the blues?. Descorchó una de las botellas y se sirvió generosamente en una copa, con ella en la mano salió a la terraza y se sentó apoyando los pies sobre la baranda mientras contemplaba la hermosa luna llena que se alzaba sobre el mar regalándole a aquel su pálido y titilante reflejo.
Deseó estar en otro sitio, en otro tiempo pero no era así, ¿quien dijo que no podría haber un día peor?. El lunes volvería a su cárcel entre aquellas cuatro paredes, delante de aquel ordenador y lo más triste de todo, ya no estaría Pilar en su mente para hacerle creer que todavía podía cambiar el mundo, volvió a tomar un sorbo de su copa mientras seguía acompañándolo aquel triste y viejo blues y con la complicidad de una amante despechada la luna le enseñaba su cara oculta.

13 comentarios:

Hechi dijo...

Personalmente prefiero leerte prosas poéticas( por gusto personal), jijijij, pero hay que reconocer que este relato además de ser precioso, triste, y una gran historia, lo aunas con la calidad de tu prosa que por momentos se convierte en una delicia de prosa poética:
"aquella rosa hací­a mucho tiempo que se habí­a marchitado, era una vieja rosa con heridas, una rosa demasiado perdida en el tiempo. "
Entre otros muchos ejemplos.

y, también nos dejas preguntas muy de hoy en dí­a para reflexionar:
"¿En qué momento comenzamos a cambiar?, ¿por qué nadie nos avisa para que podamos detenernos y seguir siendo eternamente los mismos?."
Supongo que ahí­ está la clave de todo fin en una historia de amor, cuando de la persona que te enamoraste, poco a poco, se va convirtiendo en otra y un dí­a, abres los ojos, y sencillamente,no la reconoces.

Un relato muy completo,admirable tu literatura niño.
Tas
besazo,remuaaaa

Princesawallada dijo...

Me ha encantado tu relato...paseas por temas existencialistas como el que habla del tiempo...sin barroquismos.....
Y me encanta la banda sonora...
felicidades....

Trini dijo...

La vida e sun continuo recomenzar, quedarse parado en el pasado es el primer paso para la muerte, sino del cuerpo, sí­ del alma...

Estupendo relato

Un abrazo

Vagabunda dijo...

Precioso relato . y preciosa imagen de tu ciudad. Quizas algun dí­a sentado en uno de esos bancos Daniel , vea caminar delante de el su nuevo presente ... o sea ella la que está sentanda esperandolé.

Un abrazo

PlumaPoética dijo...

Tristemente Bello...
Un relato qe recorre mi alma buscando sentimientos desde la nostalgia, la tristeza, la deleitacion i la admiracion.
Me gusto muchisimo a pesar de su tinte de una vida monotona donde nos enjaulamos...
Me gusto!
Adios
PlumaPoetica

Sandra Becerril dijo...

Cielos... qué melancolí­a desbordan tus letras hoy... me hiciste imaginarme ahí­, con él...

Besos

Vivir soñando dijo...

Júcar, me dejas sin aliento... Si Hechi se queda con la prosa poética, yo soy más de prosa pura y dura y este relato es lo más magistral que he leido en LDA! (Junto con En la Basilica de En la Basilica).

Gracias por este regalo, lo imprimo y lo guardo con mis tesoros.

la cueva de los locos dijo...

Fantastico Jucar. He disfrutado mucho con el texto y con lo que me sugiere el texto.
Un abrazo

JJ

Ioda dijo...

Siempre hay un momento en la vida en el que te das cuenta de que algo está cambiando o ha cambiado ya. La suerte que puedes tener es que te des cuenta a tiempo de ponerle solucií³n aunque, como en el caso de Daniel, casi siempre es imposible. Aun así­ hay que seguir buscando y buscándose a uno mismo, no dejarse engañar por espejismos como Pilar, aunque también de ellos hay que aprender.

En cuanto a lo estrictamente literario, veo una narracií³n fluí­da que incita a seguir leyendo. La rápida lectura hace del texto algo agradable de asimilar y el sentimiento que transmite el momento de la llegada al ático, después de leer la nota y al sentarse en la terraza, es de una tristeza dificilmente explicable.

"Cold day in hell". Mi tema predilecto de Gary Moore. Gustos.

Un saludo. Enhorabuena por tus letras

Diego Santos dijo...

Con un texto agil y fresco, nos traslada al escenario donde el relato nos muestra la otra cara no deseada, pero tan encontrada.
Bonito relato, como es habitual.
saludos

Enlabasílica dijo...

Jucar. Me ha gustado mucho tu relato.

Consigues que el lector viva en primera persona la historia, que fluye armoniosa por una prosa suelta y cercana, pero a la vez elegante y cuidada. Mira, creo que he dicho la palabra que preciso para definir tu relato: elegante. Felicidades por ello.

Un besito

Dawn a Jucar entusiasmada dijo...

cuando te leo, me cuesta creer que estoy delante de la pantalla de mi ordenador...
la prosa esta construida de una forma delicada, fluye sin ningun trabajo delante de tus ojos, te empuja hasta el punto final.
muestras una historia de soledades conmovedora y me reafirmo en mi opinion, eres de lo mejor que anda por estas arenas.
felicidades. bs

Alis dijo...

solo, decir que es exquisito leerte. sigue, deleitando con tu magnificos relatos.. felicidades.. y avante..