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MI NOVELA
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    El rincón de Jucar

    12 julio 2007
    Hasta pronto


    Este ha sido un blog dedicado exclusivamente a mis textos personales. Desde hace algún tiempo, había empezado a sentir la necesidad de hacer algo más generalista, siempre relacionado con la literatura, y así, el mes pasado empecé un nuevo proyecto, que algunos ya conoceréis, DESVÁN DE LETRAS.

    Así que de momento, este pequeño rincón se va a sumir en un dulce letargo.

    Para los que lo deseéis, podemos seguir viéndonos en el Desván, donde seréis bien recibidos, aquí os dejo la dirección: http://desvandeletras.blogia.com/

    Gracias por vuestras visitas y vuestros comentarios. Hasta pronto.
    18 junio 2007
    Cenicienta
    Los micros no son lo mío, así que espero que no seáis muy duros conmigo :)
    Comenzaron a sonar las campanadas de medianoche en el reloj de palacio. Aquella chica salió corriendo despavorida, como si le fuera la vida en ello. Sobre la escalinata real quedó abandonado un zapato de cristal. El príncipe lo recogió y se retiró a sus aposentos. Con él en la mano abrió la puerta de un armario y lo depositó en el suelo, junto con otros doscientos cincuenta zapatos de cristal, ¡qué coñazo! ¿Por qué todas las chicas del reino habrán tenido que leer La Cenicienta?
    11 junio 2007
    Al alba


    El frío intenso de la madrugada se clava en su cuerpo desnudo como miles de estalactitas, erizando su piel. Le gusta aquella sensación sintiendo despertar cada terminación nerviosa de su cuerpo, le hace sentir vivo.
    Pero no puede resistirlo mucho tiempo y busca refugio en el interior, traspasando las cortinas del balcón que no dejan de mecerse, como frontera de un amanecer que entre reflejos plateados se despereza lentamente.
    En la penumbra de la habitación busca con su mirada el cuerpo de Rocío, que yace desmadejado sobre la cama. Su amada, su esposa, su templo. No puede dejar de venerarla, como el artista venera su más excelsa obra de arte. Eso es, su obra, como él lo es de ella, porque ambos se reinventaron el día que se conocieron, la primera noche que con dedos afiebrados de deseo moldearon sus cuerpos, como el alfarero moldea el barro en su torno hasta encontrar la forma perfecta, y supieron que nunca más podrían vivir el uno sin el otro.
    Se acerca, le gusta contemplar su cuerpo desnudo en albas como aquel, después de noches de pasión, con el perfume embriagador de sus besos aún prendido de su labios. Su pelo dorado, alborotado, desparramado sobre la almohada, dibujando mil formas imposibles. Su frente. Sus ojos, tras cuyos párpados se esconden las dos estrellas más hermosas del firmamento, su estrella.
    Su cuello de cisne fino y delicado, la redondez que dibujan sus hombros, tiene que hacer un esfuerzo para contenerse y no acariciarlos con sus labios. Sus pechos firmes, que se agitan de forma acompasada al ritmo entrecortado de su respiración. Su vientre terso y suave por el que tantas y tantas veces se ha perdido, deseando no encontrarse nunca más, deseando hacer de aquel cuerpo su morada.
    El edén más prohibido que se esconde entre sus piernas, promesa de mil placeres eternos. La forma bien delimitada de sus muslos y sus pies pequeños que tanto le gusta acariciar.
    El frío lo abandona y no puede evitar que una oleada irreprimible de deseo se apodere de él, de forma poderosa, urgiéndole a buscarla. Acaricia con su lengua aquellos pies, los recorre, sube por sus piernas, por la parte interna de sus muslos, apenas rozándolos, hasta llegar a su sexo y acariciarlo con veneración con su lengua. Ella deja escapar un gemido entrecortado, sin despertarse pero consciente de que su amado la reclama, y se entreabre para recibirlo, en el más dulce de los duermevelas.
    Una vez más el milagro del amor, de la pasión, del deseo más desbordado mientras se aman entre las sábanas con la desesperación de la primera vez. Y un pensamiento que se abre paso con fuerza en su interior, la certeza insoslayable de haber nacido para amarla.
    24 febrero 2007
    Extracto de mi novela, El coleccionista de soledades

    - ¿Puedo hacerte una pregunta bastante personal?
    - Hazla- respondió Manuel- si no la contesto quiere decir que no podías hacerla.
    - ¿Por qué no te casaste? ¿Nunca pensaste en rehacer tu vida? Quiero decir, cuando ella murió, tú aún eras joven, tenías toda la vida por delante, ¿qué te impulsó a quedarte aquí?
    - Dijiste una pregunta, y eso son tres.
    La broma los hizo sonreír a ambos.
    - Nadie toma una decisión así- comenzó a contestar Manuel- no se piensa en renunciar a casarte o al amor. Son las circunstancias las que van provocando que tu vida transcurra de una manera o de otra, sin que a veces nuestra voluntad tenga mucho que ver en ello, incluso doblegándola.
    - Bueno no sé si estoy muy de acuerdo con eso. Según lo que acabas de decir, todo estaría en manos del destino, y nosotros nos limitaríamos a pasar por la vida adaptándonos a las circunstancias que él nos depare, eso nos convertiría casi en unas marionetas.
    - No, no es eso exactamente lo que estoy diciendo- protestó Manuel- hay decisiones que tomamos nosotros de forma clara y consciente, y por supuesto en esas decisiones somos nosotros los que manejamos nuestras vidas. Pero hay otras cuestiones sobre las que nunca tomamos una decisión, sabemos que están ahí pero nadie dice un día "voy a casarme", es algo que surge o no surge y que en gran medida no depende de nosotros sino de circunstancias tales como encontrar a la mujer de la que te enamores locamente, desees casarte con ella y compartir el resto de tu existencia, por ejemplo. La vida es un compendio de las dos cosas, nuestro destino intentamos controlarlo nosotros mismos y así lo hacemos en la medida que podemos, pero casi siempre dependemos también de circunstancias externas que no podemos prever, y dependiendo de las cuales tomaremos una u otra decisión y nuestra vida seguirá un camino u otro. El que piense que es dueño absoluto de su destino está completamente equivocado. El azar por ejemplo, ¿alguna vez te has parado a pensar en cuantas decisiones tomamos basadas en simples casualidades? Quiero decir, un día conoces a alguien de la manera más insospechada posible, porque vas a un sitio al que no sueles ir nunca pero ese día te ha dado por ahí, la conoces porque casualmente habéis coincidido en la barra al pedir una copa. Te enamoras y ese encuentro cambia por completo el resto de tu vida. Te casas, compras una vivienda, tienes hijos, pero un buen día te paras a pensar y miras hacia atrás, y te das cuenta de que todo ha ocurrido realmente por pura casualidad, dan escalofríos. ¿Cuántas posibilidades había de que tú acudieras esa noche a ese sitio al que no solías ir nunca? ¿Y de que ella también estuviera allí? ¿Y de que coincidierais en la barra? Sin embargo toda tu vida dependió de ese encuentro. Y de la misma forma ¿cuántas otras vidas diferentes hubieras podido vivir si se hubieran producido otras circunstancias en otros momentos dados, pero que sin embargo no lo hicieron?
    - Claro, la vida está llena de ese tipo de cosas que "tenían que ocurrir".
    - ¿Y quién o qué provoca que ocurran? Porque está claro que ese tipo de casualidades no las controlamos nosotros.
    - No sabría contestarte con certeza. La gente que cree en Dios supongo que le atribuyen a él el control y la disposición de esas "casualidades", o a alguna fuerza divina, llámala como quieras. Pero yo no soy creyente, si intentara encontrar una explicación lógica me perdería en divagaciones y no creo que fuera capaz de llegar a ningún lado.
    - Hay multitud de teorías al respecto, tanto religiosas como filosóficas o metafísicas, pero a la gente como tú y como yo, ninguna de ellas nos dejaría totalmente satisfechos. Los creyentes, en cuanto algo escapa a su control y son incapaces de aceptarlo o de comprenderlo, lo ponen en manos de Dios.
    - Supongo que si les ayuda a encontrar consuelo, eso les sirve. A veces me gustaría a mí también poder pensar y actuar así. Delegar en Dios cuando algo nos supera, y atribuirle la responsabilidad, el mérito o la culpa no deja de ser una postura cómoda, una forma de descargar nuestra propia responsabilidad, mérito o culpa. Sin embargo para los que no creemos la carga es mucho más pesada, porque no tenemos en quien hacer recaer todo eso, sólo podemos soportar su peso.
    - Exacto- corroboró Manuel- cargamos con todo, tanto lo bueno como lo malo, el problema sigue siendo que hay cosas a las que somos incapaces de encontrarles una explicación, o de controlarlas, y eso al final nos lleva a darnos cuenta de la importancia tan ínfima que tenemos en el orden de las cosas en el universo. Los hombres nos creemos demasiado importantes, el centro de todo, cuando en realidad sólo somos una pequeña y burda forma de vida. Estamos en un momento de la historia en el que espiritualmente, la humanidad se hace más preguntas que nunca. Ya no nos sirven las respuestas de la religión, la fe, el tener que creer sin más en algo superior que lo controla todo. Pero las alternativas a eso hasta ahora tampoco han demostrado ser mucho más válidas. En consecuencia han nacido miles de pseudoreligiones, filosofías, sectas, etc. Pero todo es lo mismo, la búsqueda incansable de unos cuantos para engañar y dominar a los demás en beneficio propio, utilizando para ello toda clase de mentiras y teorías espirituales. El problema es que con demasiada frecuencia lo consiguen. La mayoría de las veces no dejan de ser movimientos totalmente inofensivos, y al fin y al cabo cada uno tiene derecho a creer en lo que quiera. Pero en algunos casos se traspasan los límites y se acaban cometiendo verdaderas barbaries en nombre de Dios, lo llame cada uno como lo llame o signifique lo que signifique, y tenemos multitud de ejemplos de ello: la "evangelización" de América, la inquisición, el integrismo islámico, la limpieza étnica que los judíos están llevando a cabo con los palestinos con el beneplácito de los yanquis o las sectas autodestructivas. Si aceptamos que toda religión, pensamiento o corriente filosófica siempre está controlada por una casta, religiosa o política, que inevitablemente va a buscar el beneficio propio a través del control de los demás, sólo nos quedan el ateísmo y la anarquía.
    - O dejarnos caer en manos de teorías sediciosas.
    - Sí, ese es el verdadero problema de fondo, que el hombre está adoctrinado, cada vez más dejamos que sean otros los que piensen por nosotros, sin darnos cuenta del problema que ello conlleva. Comodidad, desengaño, no sé cuales son las causas que conducen a esto pero hoy en día por ejemplo sería impensable que entre la juventud se produjera un movimiento como el de Mayo del sesenta y ocho, por no hablar de las clases trabajadoras. Nos han vendido por todos los medios, por activa y por pasiva la imagen del dinero fácil, la idea de que todos podemos ser millonarios y disfrutar de muchos bienes materiales, a cambio nos tapan los ojos como a los burros para que no nos demos cuenta de que al final siguen siendo los mismos de siempre los que manejan el cotarro. En siglos pasados era al revés, a la iglesia y al estado les convenía que el pueblo no tuviera acceso a la cultura para poder manejarlo como borregos, así como decía Marx la religión era el opio del pueblo, porque la religión siempre ha necesitado de oscuridad para poder brillar. El problema fue que se instalaron cómodamente en el poder y se olvidaron por completo de las necesidades de ese pueblo sobre el que se sustentaban, y un pueblo hambriento nunca es fácil de dominar. Hoy en día las tácticas son diferentes, como ya no pueden impedir ese acceso a la cultura, nos engañan con la falsa promesa de que todos podemos ser como ellos, nos venden por televisión lo bien que vivimos y lo felices que somos, la cacareada sociedad del bienestar, y encima nos lo creemos, sin darnos cuenta de que en este país sigue habiendo pobreza, hambre y sufrimiento, mientras la iglesia sigue instalada en una posición bastante acomodada y manejando muchos hilos de forma oculta. Pero claro, ahora es mucho más moderno y chic manifestarnos para pedir el cero coma siete que pararnos a ver la podredumbre que aún existe a nuestro alrededor, tanto física como de pensamiento. A mí todo esto me lleva a hacerme una pregunta, ¿somos libres o nos dejan pensar ingenuamente que lo somos? Porque la libertad es el bien más preciado que uno puede tener. Al final la gente como tú y yo sólo somos vestigios de tiempos pasados, observamos la vida desde parapetos mientras morimos lentamente con cada nuevo amanecer.
    15 enero 2007
    El ángel caído
    Cuando Zortan le encomendó aquella misión, no podía saber que lo estaba condenando a un castigo eterno, y que todas las tormentas en el tiempo que el cielo arrojó caerían sobre él con inusitada violencia, haciendo temblar los cimientos del universo entero. La sombra del estigma fratricida de antiguas batallas milenarias perdidas en el origen del tiempo volvería a hacer notar su presencia, despertando de nuevo el temor de la figura del mal, desterrado miles de años atrás.
    Jayro era un ángel guía, encargado de recoger el alma de personas muertas de forma “diferente”, almas atormentadas cuya transición hacia su nuevo estado espiritual debía ser conducida de manera especial, atravesando un periodo de adaptación que las hiciera desprenderse de los sentimientos que las habían conducido hasta la muerte, para poder enfrentarse con el alma completamente limpia a la vida eterna, a la luz.
    La muerte podía presentarse de muchas formas, pero desde luego en ninguna de ellas se aproximaba ni por asomo al concepto que los humanos tenían de ella. Jayro llevaba desempeñando esta función desde que su propia alma fue recogida en semejantes circunstancias. Por supuesto él ya no podía recordar nada de todo aquello, una vez que el alma era separada del cuerpo y conducida hasta la cúpula, todo vestigio de esa vida terrenal desaparecía por completo. En el recuerdo de Jayro como en el de todos los demás ángeles, solo existía el presente, un presente totalmente aséptico en el que cumplían fielmente los designios de la cúpula, sin cuestionarse nunca su propio papel en el universo ni la consecuencia de sus actos porque no era esa su misión, ellos solo servían a la luz, fuente de todo bien.
    Esta era una misión como cualquier otra, no tenía nada que la hiciera diferente. Zortan tenía predilección por Jayro por su especial sensibilidad que le hacía estar altamente cualificado para este tipo de tareas, su dulce carácter lo convertían en un ejemplo de como debía ser un ángel guía. De modo que no dudó en encomendársela a él.
    Jayro bajó a la tierra, de haber quedado algún vestigio en su memoria de su vida terrenal habría reconocido aquella ciudad como la misma en la que él había vivido, la misma en la que había sufrido y finalmente había muerto, pero en la mente de un ángel no queda lugar para los recuerdos terrenales porque de ser así sería imposible que cumplieran con el papel que se les tenía asignado en la gran maquinaria del tiempo y del espacio astral. Se internó entre los vericuetos de las callejuelas de la ciudad, en una de las zonas más pobres y deprimidas, donde el hambre y la inseguridad convivían a diario con sus habitantes y los olores de la marginación y el miedo cortan la atmósfera volviéndola casi irrespirable.
    Llegó ante el viejo y andrajoso edificio al que se dirigía, la gente que vivía allí constituían un fiel reflejo de lo que era aquel barrio; putas, borrachos, drogadictos, travestis, todos ejemplos claros de marginación social. Subió hasta la quinta planta en un destartalado ascensor que daba la sensación de ir a pararse en cualquier momento dejándolo atrapado entre dos plantas, si esto hubiese ocurrido habría tenido que esperar como cualquier mortal a que lo rescataran de allí, pues mientras permanecían en la tierra tenían completamente prohibido hacer uso de sus poderes. A pesar de sus creencias religiosas la humanidad no se encontraba preparada todavía para comprobar que los ángeles no eran solo seres mitológicos que ciertas religiones pretendían hacer creer, sino que existían de verdad y que con demasiada frecuencia se encontraban allí entre ellos, aquello habría supuesto un caos, y las puertas del caos hacía muchos miles de años que se encontraban completamente cerradas. Según la luz llegaría el día en que todo esto cambiaría, el día en que el hombre habría evolucionado tanto intelectual y espiritualmente, que estarían preparados para comprobar cual era toda la verdad sobre la historia de la vida y aceptarla con naturalidad, pero aquel día se encontraba demasiado lejano aún, según las profecías era necesario que pasarán un par de milenios más antes de que aquella simbiosis entre la tierra y la cúpula pudiera materializarse y por fin convertirse en un todo.
    Encontró entreabierta la puerta del piso y al empujarla un poco más para poder pasar esta cedió con un chirrido quejumbroso. Se encontró ante un espectáculo sórdido y desalentador. Las paredes amarillentas de suciedad, los pocos muebles que había en la estancia se encontraban carcomidos, desgastados, denotando en su aspecto los largos años de vida y lo azarosa que aquella había debido ser. La limpieza y el orden brillaban por su ausencia. Aquella habitación era una combinación de cocina y salón comedor. Sobre la encimera al lado del fregadero se apilaban de cualquier manera una serie de platos y cacharros de cocina sucios como una prueba más del abandono que reinaba en aquella vivienda. Había dos puertas que daban a lo que sin duda eran las únicas otras habitaciones del piso, una debía ser el baño y la otra el dormitorio. Su intuición le indicó cual era el dormitorio y entró en el, invadiendo la escasa intimidad de la inquilina, aunque poco podía importarle ya a ella que nadie penetrara de esa forma en su casa.
    Ella se encontraba sobre la cama, las piernas cubiertas por una mugrienta sábana, tenía puesta una desgastada camiseta sin mangas que en algún momento debió haber sido blanca, uno de sus brazos colgaba lánguidamente de la cama, y aún clavada en él, como testigo mudo del drama consumado, permanecía la jeringuilla que había provocado que el negro manto de la noche fría se abatiera sobre aquella pobre desgraciada. Jayro se acercó hasta ella, el proceso era rápido, solo le llevaría unos segundos extraerle a aquel cuerpo su alma, que sin duda debía haber sufrido mucho y llevársela consigo en busca de su justa recompensa. Porque sin duda era una recompensa lo que les esperaba a las almas blancas en la cúpula, ¿o no era así?, lo cierto es que una vez en su destino los ángeles no volvían a tener jamás ningún contacto con las almas a las que acompañaban. ¿Qué pasaba con ellas, cual era su meta final? Ellos no estaban preparados para hacerse ningún tipo de pregunta y menos una de aquella índole, así que Jayro enseguida ahuyentó aquellos pensamientos de su cabeza y se dispuso a cumplir con su cometido. Sin embargo justo en aquel momento algo lo paralizó.
    Debía tener poco más de veinte años y su carita era preciosa. Sus ojos permanecían abiertos y eran de un azul que evocaba toda la fuerza del océano. En el momento en que su cuerpo había exhalado el último suspiro su rostro se había relajado reflejando una expresión de paz, como si justo en aquel momento de transición entre la vida y la muerte, se estuviera liberando de mil sufrimientos y por fin alcanzara el descanso, aunque aquel descanso fuera eterno y a sus mejillas nunca más acudieran los colores de la vida. Su pelo era negro, largo y ligeramente rizado, y aunque estaba sucio, adornaba graciosamente aquel rostro ovalado. Era una visión tan hermosa aún en el despiadado trance de la muerte, que Jayro sintió estremecerse algo dentro de si y una lágrima se asomó a sus ojos, en una osada muestra de una humanidad que no le pertenecía, pero que no pudo evitar albergar en su interior. Permaneció unos instantes contemplándola, una mezcla de ternura, compasión y algo que no acertaba a describir se abría paso dentro de él. Cuando acercó sus manos al pecho de ella para extraer el alma, éstas temblaban violentamente y unas gotas de sudor comenzaban a perlar su frente.
    ¿Qué le estaba ocurriendo? Aquella angustia y aquella duda no eran normales, no eran algo que formara parte de los designios de la cúpula, designios que se habían cumplido de forma meticulosa durante siglos, entonces ¿por qué aquella duda? ¿Por qué le estaba ocurriendo aquello a él?
    De repente un sonido completamente inesperado distrajo toda su atención, liberándolo de la tensión que lo mantenía atenazado. Hasta entonces no se había percatado de aquello. Un pequeño capazo se encontraba al otro lado de la cama y el sonido había salido de su interior. Se acercó hasta él y lo que encontró volvió a sumirlo en la angustia. Allí se encontraba un bebé, una pequeña criatura que no debía tener más allá de cuatro o cinco meses Había roto a llorar, sin duda presa del hambre y del miedo, reclamando la reconfortante presencia de su madre, pero aquella permanecía inerte en el lecho, y nada podría hacer que acudiera a la llamada de su hijo. ¿Nada? Aquel súbito pensamiento explotó en su cabeza, provocando una conmoción dentro de él que lo hizo retroceder temblando, hasta apoyar su espalda en el espejo del armario.
    Su mente se nubló por completo ante el torbellino de ideas que comenzaron a cruzar por su cabeza. Sabía perfectamente cual era su misión y que no había alternativa posible, que debía cumplir con ella sin dudarlo ni un instante. Pero de repente se sentía incapaz de llevarla a cabo, ¿merecía aquella chica de rostro angelical aquel destino? Y si lo cumplía ¿qué ocurriría con aquella pequeña criatura indefensa que lloraba desconsoladamente en su pequeña camita? Las posibilidades de que alguien la encontrara aún con vida en un sitio como aquel se le antojaban bastante escasas e inclusive en el caso de que eso sucediera, ¿qué destino le esperaba? Crecer sin madre y tal vez acabar igual que ella. No, aquello era demasiado injusto y en su mano estaba la solución, aunque sabía que aquella solución iba en contra de todos los designios de la cúpula, que provocaría un cisma y que para él supondría un castigo eterno, la caída en desgracia y el descenso hasta los cadalsos de la oscuridad, pero no se sentía capaz de hacer otra cosa ¿por qué la luz, fuente de todo bien, permitía un drama como aquel? Tomó una decisión y sin permitir que las dudas lo corroyeran se acercó nuevamente hasta la chica, extrajo la jeringuilla y posó su mano sobre aquel brazo aguijoneado por los pinchazos, en unos segundos todas las marcas y moratones fueron desapareciendo del brazo, a continuación posó su mano sobre el pecho de la chica y presionó ligeramente concentrando toda su energía en aquel punto, hasta que primero muy despacio y después de forma más acompasada comenzó a sentir el latido del corazón. En ese momento una luz blanca invadió toda la habitación, sintió un dolor en su cabeza que pensó que la haría estallar en mil pedazos, perdió el conocimiento y cayó en el suelo a los pies de la cama.

    Fue despertando lentamente, el dolor de cabeza volvió con toda su intensidad, entreabrió poco a poco sus párpados y cuando sus ojos fueron capaces de acostumbrarse a la luminosidad que lo rodeaba, pudo tomar conciencia de que se encontraba en la cúpula. Nunca había estado en aquella estancia pero sabía perfectamente que era aquel lugar, la sala del consejo supremo. Donde la luz y los ancianos dirimían las cuestiones de importancia vital para el discurrir de los acontecimientos astrales. Él se encontraba justo en el centro y sabía por que estaba allí. Al devolverle la vida a aquella chica había hecho algo que ningún ángel antes que él había osado realizar, era consciente de su pecado y de las consecuencias que éste podía acarrear, y no solo a él, sino al frágil equilibrio cósmico en el que aunque las fuerzas del bien habían vencido y desterrado a las fuerzas del mal, aquellas permanecían agazapadas, esperando el menor resquicio por el que poder volver a intentar imponer las tinieblas sobre la faz de la tierra. Y tal vez su acción les pudiera abrir aquel resquicio, pues aunque no tenía ninguna duda de que había realizado una buena acción, había roto la paz y la armonía al incumplir y desobedecer una orden directa de la cúpula y hacer algo que estaba totalmente prohibido.
    Y ahora, lo habían llevado hasta allí para rendir cuentas de su acto y seguramente para ser castigado por ello, la angustia se apoderó de su alma pues no alcanzaba a imaginar cual podría ser el castigo por haber desobedecido, pero sabía que sin duda sería una terrible condena acorde con la magnitud de su acto.
    Kandor, la mano derecha de la luz y su nexo de unión con el resto de la cúpula, pues la luz rara vez era vista entre ellos, tomó la palabra para poner a todo el consejo al tanto de lo acontecido. Una vez relatados los hechos acaecidos, continuó con una arenga personal.
    - Lo que ha hecho Jayro hoy ha sido poner en peligro el equilibrio del universo, la supremacía del bien sobre el mal. Devolverle la vida a los muertos era algo muy común cuando la oscuridad gobernaba el mundo, por ello y por las consecuencias que estos actos acarrearían se trata de algo que está terminantemente prohibido en el reino de la luz. Ni siquiera los miembros del consejo estamos capacitados para tomar una decisión de esa trascendencia, y da igual lo noble que haya podido ser la causa que ha llevado a Jayro a cometer este error fatal. Él sabía perfectamente cuales podrían ser las consecuencias de su acto y aún así no dudó en llevarlo a cabo. Por supuesto y después de un hecho como este, Jayro no podrá continuar siendo un ángel, pero esto no es suficiente, debemos cerrar todas las puertas a cualquier resquicio de entrada para el mal. Porque si este acto no es castigado con toda la dureza que se merece, Jayro habrá sembrado el estigma de la duda entre las fuerzas del bien y eso es algo que no nos podemos permitir. Por todo esto mi petición a los miembros del consejo es que Jayro sea condenado a la deportación, a vagar sobre la tierra durante siglos, sin ser ni ángel ni humano.
    Un murmullo atravesó la estancia. Zortan había estado temiendo una propuesta como esa por parte de Kandor, sin embargo no por esperada era menos cruel. Sintió como la sangre se le helaba en las venas, como si el fluido vital se negara a seguir proporcionándole el aliento imprescindible. Inmediatamente pidió la palabra, como superior inmediato de Jayro y encargado de todos los ángeles guía, tenía derecho a poder intervenir antes de que el consejo votara y emitiera su veredicto.
    - Es innegable que Jayro ha cometido una grave falta, muy grave. Pero creo que la magnitud del castigo que Kandor propone para él es excesiva. No voy a pretender justificar de ningún modo su acción, incumplió con su cometido siendo perfectamente consciente de lo que hacía y sabiendo las consecuencias que ello podrían traernos a todos, en eso creo que hasta el último de los miembros de este consejo estamos de acuerdo, mas ¿no es suficiente castigo que Jayro sea expulsado como ángel guía? ¿Es necesaria la deportación? Ser ángel guía es todo un privilegio que la luz sólo concede a las almas escogidas, a aquellas que reúnen unas cualidades realmente excepcionales, y Jayro no solamente las reunía sino que hasta hoy había cumplido con su cometido de forma totalmente satisfactoria, hasta el punto de llegar a convertirse en uno de los mejores ángeles guías, no voy a ocultar mi predilección por él. Por todo esto al retirarle su status actual y reducirlo a ser una simple alma más, le estamos infringiendo un castigo tremendo, ¿tenemos derecho a condenarlo además a vagar eternamente por la tierra? No voy a decir nada más, creo que los miembros de este consejo son lo suficientemente sabios para tomar la decisión más acertada.
    Durante todo aquel tiempo Jayro había permanecido en una especie de estado catatónico, por supuesto sabía la trascendencia que para él tendría lo que el consejo decidiera y no era algo que lo dejara indiferente, pero no podía apartar su mente de aquel apartamento, de aquel bebé, de aquella chica de rostro sereno y resignado ante el abrazo de la muerte, y una vez más algo en su interior le decía que había obrado correctamente, que habría sido incapaz de cumplir con aquella misión.
    El consejo procedió a votar y con el único voto en contra de Zortan se decidió la deportación de Jayro, la tragedia se había consumado. Era un castigo que ni siquiera los más antiguos del consejo podían recordar cuando se había aplicado por última vez y ahora se le condenaba a vagar eternamente por la tierra, privado de todos sus poderes, sin ser un ángel pero sin ser persona tampoco.

    Sentía frío, el crepúsculo se alzaba sobre la ciudad y el viento del norte abatía sobre su cabeza lúgubres pensamientos. No recordaba nada pero se sabía diferente. Se vio reflejado en el cristal de un escaparate pero no reconocía ese cuerpo, era como si su yo vagara etéreamente entre los efluvios de la locura, un ser y no ser, un estar dentro de un yo extraño y familiar al mismo tiempo. Comenzó a andar sin rumbo, dejando que su caminar errante lo llevara donde el destino dispusiera. La luminiscencia de los neones que parecían reinar sobre la noche en la ciudad lo hacían sentirse empequeñecido. Todo aquel ambiente a su alrededor le era hostil. Caminó durante horas hasta llegar ante la puerta de un desvencijado edificio, no sabía dónde se encontraba pero le resultaba extrañamente familiar. Comenzó a subir las escaleras, algunos rostros curiosos se asomaron a alguna puerta para verlo pasar pero él siguió subiendo sin percatarse de nada, como si sólo tuviera un objetivo en la mente. Llegó hasta la quinta planta y entonces se detuvo delante de una de las puertas, ¿donde se encontraba? Pulsó el botón del timbre pero éste no funcionaba así que golpeó con sus nudillos contra la puerta. Unos segundos después se oían unos pasos y la puerta se entreabría tan sólo unos centímetros. La visión del rostro de aquella chica lo trastornó, estaba seguro de haberla visto antes pero no conseguía recordar donde ni en que circunstancias. Sin embargo era un rostro que le transmitía una infinita sensación de paz y serenidad, en contraste un trueno resonó en el exterior. Ella también se sorprendió al verlo a él, abrió por completo la puerta mientras en sus ojos se reflejaba la más absoluta de las sorpresas.
    - ¡Eres tu!
    - ¿Quién soy yo? -preguntó él cada vez más confuso.
    - Eres quien me devolvió la vida, creía que todo había sido un mal sueño, pero ahora estás aquí, no sé que eres ni de donde vienes, no puedo entender nada de lo que ha ocurrido, ni siquiera estoy segura de que todo esto no sean efectos de las drogas, pero tu me has devuelto la vida, me has dado la oportunidad de hacer las cosas de forma diferente.
    - ¿Yo? Creo que te equivocas, ni siquiera sé como he llegado hasta aquí, no sé ni quien soy. Pero dime ¿cómo podría haber hecho yo eso que dices?
    Ella acarició su mejilla con la palma de su mano, su mirada ahora transmitía una ternura infinita.
    - No sé como, pero nada de eso importa ya, sólo importa que estás aquí, pasa.
    - No recuerdo quien soy, pero tengo la sensación de que todo lo que he hecho en mi vida me ha conducido hasta aquí, hasta este momento, hasta ti.
    El cielo comenzó a llorar mientras las sombras terminaban de adueñarse de la ciudad. El viento azotaba las calles, los elementos desataban su ira con rabia como preludio de una noche apocalíptica, inconclusa, efímera.
    Se desnudaron con prisas sintiendo el deseo arder en sus cuerpos. Sus bocas se buscaron con desesperación, recorriendo juntas sus lenguas cada rincón inexplorado. Las caricias se sucedían mientras no dejaban de recorrer con sus labios cada centímetro de ese amor recién hallado. Ella lo tomó de la mano y lo atrajo hacia el lecho. Se miraron fijamente a los ojos, todo a su alrededor había dejado de existir en aquel instante para ellos. Acarició su pelo, su rostro y lo atrajo hacia ella hasta sentir su cuerpo sobre el suyo. El la tomó entre sus brazos, cada caricia la transportaba hasta un universo de sensaciones desconocidas para ella hasta ahora, que la hacían arder de deseo y abandonarse, dejarse llevar por él hasta la cima del placer. Se amaron sin tregua durante toda la noche, sus cuerpos dejaron de obedecer a sus mentes cobrando consciencia propia y entregándose a una pasión desenfrenada, en la que la mutua y completa entrega les llevó a alcanzar el delirio de los sentidos. Tras varias horas de amor desbordado sucumbieron a un duermevela, uno en brazos del otro, entre las sábanas.
    El viento abrió de golpe la ventana del dormitorio sin conseguir despertar a los amantes de su letargo, una fría brisa comenzó a invadir la estancia acompañada de un pequeño silbido a la vez que una negra figura se deslizó en el interior. Se trataba de Kairos, uno de los ángeles vengadores de Kandor. El destierro no había sido suficiente, al buscar a aquella chica, Jayro volvía a abrir el nexo de unión para que el mal pudiese introducirse de nuevo en el mundo. Por lo tanto sólo quedaba una opción, hacer desaparecer todo vestigio de Jayro sobre la faz de la tierra, había obtenido el permiso de la luz ante la grave situación en la que se encontraba la cúpula, y había mandado a Kairos a cumplir aquella misión, poniendo sumo cuidado en que Zortan no se enterara de nada hasta que todo hubiera acabado.
    Kairos se acercó hasta la cama y contempló a la pareja que continuaba durmiendo plácidamente en un eterno y último abrazo. Aproximó su mano hasta el pecho del ángel caído, sólo tendría que aplicarla sobre su corazón durante unos segundos y aquel desaparecería para siempre. En el último instante Jayro abrió los ojos, repentinamente volvió a tomar consciencia de todo, de quien era él, de que era o había sido, de todo lo que había ocurrido. Miró fijamente a Kairos, sabía para que estaba allí, ambos lo sabían. No opuso la menor resistencia, nada ni nadie podría oponerse a los designios de la cúpula, giró la cabeza hacia su amada y la besó en la frente contemplándola por última vez, mientras una lágrima se asomaba a sus ojos, después volvió a mirar a Kairos, sólo deseaba que todo terminara cuanto antes.

    La niebla y el frío eran los tristes protagonistas de aquel amanecer. El cielo lloraba sin cesar lágrimas de soledad. El olor de la brisa marina y el rumor de las olas llegaban hasta aquella chica que sostenía un bebé con su brazo derecho y una vieja maleta en el izquierdo. Se estaba despidiendo para siempre de aquel mar, de aquellas calles, de aquella ciudad. Sabía que nunca volvería a verlo, pero aquel amor fugaz le había devuelto la fe en un mañana mejor, en una vida diferente, en algo más que la vida que se había visto obligada a llevar hasta ahora, comenzó a caminar alejándose de allí sin volver la vista atrás, apretando a su bebé contra su pecho para resguardarlo del frío y con un único pensamiento en su cabeza, por mucho años que viviera jamás olvidaría a aquel ser de sonrisa angelical.
    26 diciembre 2006
    Quisiera

    Quisiera volar lejos de la tristeza que hoy sale a mi encuentro, danzando por los márgenes de la irrealidad. Quisiera volver el tiempo atrás, a ese momento en que los sueños volaban libres, sin ataduras, sin pesadas cargas sobre sus alas que los hicieran caer bruscamente al suelo, a una realidad que duele tanto. Volar, quisiera dejar mi corazón volar, traspasar las fronteras de un espacio terrenal que me asfixia, y dejarlo atravesar esos tupidos bosques que hoy empañan mi mirada. Quisiera escaparme de esta triste condición de ser humano que me limita, que me obliga a aceptar las cosas tal como son, y tener el poder de hacerlas como yo quisiera.
    Quisiera que las cuencas de mis ojos se secaran, para que estas lágrimas suicidas no siguieran perdiéndose en el vacío. ¿Por qué es tan triste el hoy? ¿Por qué me abruma la sensación de que la tristeza durará siempre? Quisiera poder liberarme de este dolor que me abrasa por dentro, que corroe mi corazón y todo mi ser. O al menos, ser capaz de no sentir, que la insensibilidad se apoderara de mi alma y el olvido de mi mente, resguardarme en algún lugar a salvo de los sentimientos, en una isla donde no sentir fuera el único pasaporte. O dormir, quisiera dormir eternamente y perder la capacidad de soñar, la capacidad de recordar, porque los recuerdos se me clavan como cuchillas, como espadas ávidas de mi sangre. Quisiera rendirme ante el silencio que se produce cuando las palabras quedan flotando en el aire, cuando todo sobra, porque como dijo el poeta; "Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido". Quisiera reconocer ese rostro atrapado en el espejo que me devuelve una mirada vacía, mientras intento reconstruir un rostro que ya no existe, inventar una historia que me salve del dolor de estar vivo. Quisiera tantas cosas, pero mañana el sol volverá a salir y la tristeza seguirá aquí, como mi más fiel compañera. Quisiera asesinar el pensamiento.
    12 diciembre 2006
    El coleccionista de soledades


    Aquí os dejo mi primera novela, como podéis suponer, con toda la ilusión del mundo al verla publicada.

    Tras un accidente de tráfico, David pierde a su mujer y a su hijo. A partir de ahí, comenzará una lucha desesperada por salir adelante. Para ello lo abandonará todo y se marchará lejos, buscando nuevas tierras y nuevas gentes que le enseñarán el valor de seguir luchando.
    En el marco incomparable de la sierra de Cazorla, en Jaén, donde la naturaleza aún conserva su primacía sobre la acción del hombre, David volverá a encontrar el amor y la amistad sin poder desprenderse de los fantasmas que le persiguen desde que ocurriera la tragedia que ha marcado toda su vida. Al mismo tiempo, poco a poco, irá reconociendo los dramas que también marcan las vidas de los personajes que han surgido en su propia aventura vital, que se han ligado estrechamente a su propia historia y de los que parece no haber escapatoria.
    El coleccionista de soledades es una novela existencial, que refleja la lucha por la vida, la huellas que los acontecimientos llegan a dejar en el interior, el trabajo de un escritor que se ha quedado seco tratando de sacar su obra adelante y luchando por renacer como el ave fénix surgiendo de las cenizas de un pasado ominoso. Una historia para el disfrute y la reflexión, escrita con una cuidada prosa que alcanza momentos poéticos inolvidables.

    Si alguien quiere comprarla, puede hacerlo AQUI